CAPÍTULO 10: DIOSIDENCIAS PARTE 2

Gracias Dios, por inundarme de tu fortaleza y amor infinito, gracias por tus hermosas bendiciones, gracias por enseñarme a ver y a valorar la vida desde otra perspectiva.
 
Como les he mencionado en capítulos anteriores, en las mañanas acostumbro en el camino hacia el trabajo, a conversar con Mónica.  Le digo cuanto la amo, cuanto la extraño, la lleno de besos y abrazos, le mando flores imaginarias, le deseo que pase un hermoso y divertido día. También me gusta agradecerle por haberme dado el privilegio de ser su mamá, por todo lo que compartimos, todo lo que aprendimos juntas, por todo lo que me enseñó, por todo lo que disfrutamos en sus 22 bellos años en su vida terrenal.
 
El día 20 de junio del 2016, a los 9 meses de su partida física, después de la acostumbrada conversación que mantuve con ella, se me ocurrió hacerle algunas preguntas.
 
“Mónica, me gustaría saber ¿cómo estás?, ¿dónde estás? y ¿cómo te sientes?” Le pedí que por favor, si me escuchaba, que me mandara una señal. Para mi sorpresa, queridos amigos, ¡Mónica me respondió!  A la mañana siguiente, 4 personas me llamaron en el transcurso del día para contarme que habían soñado con Mónica la noche anterior. Lo más increíble fue que todas las personas soñaron lo mismo. Mónica, se les manifestó en sus sueños y les dio el mismo mensaje a todos:
 
“Por favor dile a mi mamá que yo estoy bien y que no quiero que esté triste”. 
 
Entre estas personas, había una amiga de Mónica que estaba estudiando en España.
 
Todos los que soñaron con ella, me manifestaron que la vieron con un rostro resplandeciente y hermoso, les decía a todos que dejaran la tristeza que ella estaba bien donde estaba.
 
Gracias Dios por esta hermosa experiencia que me llenó de mucha paz, tranquilidad, al saber que mi niña está bien donde quiera que esté y, además, confirmé que ella escucha mis palabras todos los días y si le hago preguntas, ella busca la forma de responderme. 
 
El 28 de febrero del 2016, ocurrió un trágico siniestro vial en nuestro país, donde fallecieron los jóvenes de 17 años, Nicolas Zauner y Walter McGowen. Su auto perdió el control y se chocaron con un objeto fijo. Me sentí tan conmovida con esta tragedia, imaginándome el dolor y el sufrimiento de los padres. 
 
Dios mío, perder un hijo es el dolor más grande que un ser humano puede sentir, uno siente que el corazón se explota en miles de pedazos.  Desde el primer momento, quería estar con ellos y acompañarlos en su dolor aunque no los conocía.
 
Una noche, tuve la oportunidad de ir a la misa de novenario y conocí a la familia McGowen.  En el encuentro con la mamá de Walter, ambas nos abrazamos fuertemente por un largo rato, sin decirnos una sola palabra, el silencio lo decía todo. Mi esposo, Beto, conversó unos momentos con el papá de Walter.
 
Al rato, la mamá de Walter me contó que, a ella y a Walter, su hijo, les había impactado lo del siniestro vial de mi hija, Mónica, que cuando pasaban por la avenida Balboa, la recordaban al ver la bicicleta blanca. Conversamos un rato y le prometí que le regalaría un hermoso libro que me habían obsequiado el día del funeral de mi hija, que me había ayudado mucho.  Al llegar a mi casa, esa noche, tomé el libro que le regalaría a la Sra. McGowen y lo puse cerca de mi cartera para llevarlo a mi oficina.
 
Al día siguiente, llevé el libro a mi oficina y lo puse sobre mi escritorio. A las 10:00 a.m., tomé el libro dispuesta a entregárselo a mi compañera, quien se lo haría llegar a la familia McGowen.  En ese momento escuché una voz, firme, segura, fuerte y muy parecida a la voz de Mónica que dijo: “compra un libro nuevo”.  
 
Observé todo a mi alrededor buscando para ver de dónde había salido esa voz, pensé que alguien me había hablado.  En ese momento estaba sola en la oficina, no había más nadie.  Tenía el libro en mis manos, leí la dedicatoria y reflexioné sobre lo que había escuchado.  
 
Creo que no debo regalar este libro, me lo obsequiaron con mucho cariño, lo debo conservar.  En ese instante tomé la decisión de comprar un libro nuevo para regalarle a la Sra. Mcgowen.  Casualmente, ese día tenía que hacer una diligencia al medio día, así que pensé ir a la Farmacia Arrocha de calle 50 a buscar un libro.
 
Al medio día debía ir por el área del Carmen, así que hice mi diligencia y me dirigí hacia calle 50, sin embargo, escucho la voz nuevamente, igual de fuerte, firme y segura, me dijo: “Arrocha Obarrio”.  
 
En ese momento, le respondí que era cierto, la Arrocha de Obarrio me quedaba mucho más cerca.  Al llegar al sitio, no había un solo estacionamiento libre.  En ese momento, dije en voz alta: Dios, por favor necesito un estacionamiento.  
 
En lo que terminé de decir la frase, una señora en un auto, sale de un estacionamiento dejando libre el espacio para aparcar mi auto.  De inmediato, le di gracias a Dios por reservarme un estacionamiento.
 
Al llegar a la farmacia, caminé en dirección hacia la sección de los libros y dije en voz alta, “¿ahora, qué libro quieres que le regale?”
 
Rápidamente le di un vistazo a toda una pared llena de libros, pero ninguno me llamó la atención.  Pensé que sólo había una pared de libros y no me gustó ninguno.  Al dar una media vuelta, me di cuenta que había otra sección llena de libros. 
 
En ese momento, me llama la atención un libro, con una caratula que tenía una franja fucsia fluorescente.  Recuerdo que el libro estaba un poco lejos, diagonal a mí.  Sentí que me llamaba y resaltaba entre todos los de la sección. 
 
Caminé como 3 metros para llegar a él y lo tomé.  Para mi sorpresa, al leer el título del libro, se me erizó todo el cuerpo, lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos y mi corazón comenzó a palpitar tan rápido que se quería salir de mi pecho.
 
El libro se llamaba “Experiencias con el Cielo”.  Con las manos temblorosas por la emoción, leí la caratula y decía: Una manera espiritual de comprender la muerte, el duelo y la vida en el más allá”. ¡Waoooo! Es imposible describir la emoción tan grande que sentí en ese momento. 
 
Luego, muy emocionada y con una felicidad interior, divina, con una mezcla de paz y amor que embargaba todo mi ser, abrí el libro, lo comencé a ojear y me di cuenta lo maravilloso que era.  Le agradecí a Dios y a Mónica por permitirme vivir esta maravillosa experiencia. Una vez más confirmé que ellos están conmigo, me escuchan y me aman. Que hermoso poder compartir esa divina experiencia con ustedes a través de mi blog.
 
El libro lo escribió la psicóloga Elsa Lucia Arango, está basado en hechos reales que durante 30 años.  En su consulta ha atendido y apoyado en el duelo de muchas familias que han perdido a sus seres queridos y también ha atendido y ayudado a personas en su lecho de muerte.
 
La doctora relata experiencias donde personas que están en otro plano se comunican con sus familiares en duelo.  Con este libro, ella busca enseñar a quienes estamos vivos como seguir unidos a quienes ya no están en cuerpo presente: ¿Cómo establecer ese contacto con los seres queridos y amados que ya no están con nosotros?,  Desde el alma y desde el corazón.
 
Seguí revisando el libro hasta que me encuentro con una historia de una madre que había perdido a su hijo de 18 años en un accidente. Dios mío, era un caso parecido al de las Familias McGowen y Zauner. 
 
La doctora estaba atendiendo a la señora en su consultorio, muy afectada por la pérdida física de su hijo. Al rato, la psicóloga observa la silueta del hijo al lado de su mamá.  La psicóloga le describe la silueta a la mamá y le dice que es su hijo quien está parado a su lado.  Está sonriendo y carga en su mano un globo de cumpleaños. 
 
La doctora le pregunta a la señora, 
¿alguien está de cumpleaños en la familia?”, la señora responde que “no”, nadie está de cumpleaños, ella sigue muy afectada.  
 
La doctora le insiste a la señora, alguien debe estar de cumpleaños, su hijo insiste en que alguien está de cumpleaños.  Después de un rato, la señora piensa un poco más y recuerda que su hija cumplía años al día siguiente.  
 
Dicho esto, la señora se sintió un poco mejor al saber que su hijo estaba bien y que estaba pendiente del cumpleaños de su hermana.
 
Ese día me sentí muy emocionada, compré el libro y lo llevé a casa.  Le conté a Beto y a Lianna, todo sobre la hermosa experiencia que viví ese día.  También les compartí algunas historias bellas relatadas en el libro.  Ellos también quedaron sorprendidos y emocionados con mi experiencia.
 
Les recomiendo el libro, es muy lindo, la autora nos trata de explicar lo que viven los seres queridos cuando pasan a otra dimensión.  
 
Cuando un ser humano fallece, lo que muere es el cuerpo, pero el alma sigue viva.  El alma es energía, nuestros seres queridos se mantienen en el seno familiar, ellos están pendientes y anuentes de todos los acontecimientos que pasan en nuestras familias.  Este puede ser un regalito perfecto para una familia que haya perdido un ser querido.
 
Recuerdo que el año pasado, en noviembre del 2016, nos fuimos de viaje, con un grupo como de 20 personas entre familia y amigos.  Dos días antes de salir de viaje, mi hija Lianna soñó con Mónica, que le dijo: “Lianna, tenemos tiempo que no viajamos en familia”.
 
Un día, en el transcurso del viaje, mi hermana María y yo íbamos tranquilas, caminando y conversando.  Lianna y una amiga iban unos metros adelante y de repente mi hermana comenzó a llamar a Mónica, 3 veces seguidas, en vez de llamar a Lianna.  De inmediato, mi hermana me mira, se tapa la cara y me dice Elsie, lo siento, pero no sé qué me pasó, no sé por qué estoy llamando a Mónica en vez de llamar a Lianna.  Le respondí, tranquila hermana, esa es una señal de que Mónica está aquí con nosotros en este viaje.
 
Queridos amigos, espero que hayan disfrutado, estos hermosos testimonios, que comparto con ustedes con todo mi amor.
 
Nos vemos en el próximo capítulo, el 20 de noviembre vienen más hermosas Diosidencias, no se las pierdan.
 
¡Que Dios los bendiga!
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